LA RELACIÓN DEL CINE MÉXICANO CON SU PÚBLICO
Por Alberto Cortés
No se puede separar al cine mexicano como fenómeno social de lo que sucede en el país, de las condiciones sociales, políticas, económicas y culturales. En los últimos años México ha cambiado mucho, ya no somos los mismos, la población del país se ha diversificado sobre un territorio muy extendido, vivimos un experimento de transición a la democracia que se encuentra encerrada en sí misma con una clase política que es incapaz de dar respuesta a las demandas de los diferentes grupos sociales. El cine no es la excepción, diversas iniciativas para mejorar las leyes sobre todo en el terreno de la exhibición se han visto frenadas en la Cámara de Diputados.
El 85 por ciento de la población no asiste a las salas cinematográficas; sencillamente no tiene los recursos para comprar un boleto.
Durante 2009, la asistencia a los complejos cinematográficos subió en un diez por ciento con respecto al año anterior, uno de los incrementos mayores en el mundo.
Para un cineasta mexicano es muy difícil establecer una relación significativa con algo que se pueda llamar ¨su público, si tomamos en cuenta que sólo el quince por ciento de la población va al cine, que seguramente ese reducido porcentaje es de una clase media alta con inclinaciones culturales poco nacionalistas o que simplemente no entran al cine a ver un reflejo de la realidad en que viven, muy seguramente gran parte de ese quince por ciento se sienten muy bien con la formula hollywoodense del espectáculo, muchas de las películas con una mirada crítica salen automáticamente del espectro, basta ver las estadísticas de los últimos años para constatar como un gran número de películas de interés social, político, estético, de género, etc., tan diversas como el país, muchas de ellas con premios nacionales e internacionales, llegan a los cines, a los cinépolis, cinemex, cinemark para repetir un desencuentro más con ese público.
¿Por qué ante la gran diversidad de propuestas cinematográficas solo tenemos una forma de exhibir?
¿Qué pasó con el cine de barrio, la casa de cultura y el cineclub universitario?.
Han desaparecido y siguen desapareciendo, la cultura en este nuevo desorden social es prescindible, al cine, le tocó caer en los terrenos del libre mercado y como de producto comercial se trata, que se rasque con sus propias uñas, si no tiene éxito en el mercado, por algo será, el ¨gran público (15%), ya dijo su última palabra: que venga el siguiente fracaso.
Y, sí no van a fracasar, aquí les damos una ayudadita.
Esos complejos multisalas no necesitan del cine mexicano, menos de aquel que ofrezca una mirada crítica de nuestra sociedad, les estorbamos, como tal, como un estorbo nos tratan, es práctica común relegar las películas a las peores salas, los peores horarios, información negativa en taquilla, colocación de afiches en lugares poco visibles, reticencia a exhibir los avances, etc. En esa franja de público, no competimos con las mismas reglas, nuestra oferta parece desmerecer ante el espectador común frente a las pantallas de la taquilla multisala.
Al resto de la población, a ese otro gran público de 85%, que no asiste a las salas, que ha sido excluido de esa forma de entretenimiento le queda el consuelo de la piratería, no por gusto, sino porque no hay de otra para no quedar fuera de la modernidad global, desde el poder se criminaliza el consumo pirata, como si estos grupos marginados les gustara ver el cine en formatos de mala calidad. No son pocos los cineastas que vemos en esta forma de distribución una alternativa para llegar a otros sectores que les interesa este otro cine.
Nuestra cinematografía sufre de esquizofrenia, por un lado alienta la producción de películas y ha sido capaz de encontrar formulas eficaces para distribuir los fondos públicos destinados a la producción, hemos sido capaces de imaginar y poner en práctica muy diversas formas de producción, casi tantas como películas producidas. Por el otro lado, al momento de la exhibición nos encontramos con un muro infranqueable; aquí termina la imaginación, la diversidad de propuestas cinematográficas llegan a un solo camino, una sola forma de exhibir a muy pocos espectadores, además a un muy alto costo.
Las nuevas tecnologías abren posibilidades de acción y nos lo demuestran todos los días el mercado pirata en todas las entradas al metro, en los mercados, afuera de la Cineteca Nacional o frente a las librerías Gandhi, se pueden encontrar en Tepito o Coyoacán puestos piratas especializados en documental o cine mexicano. Ahí se encuentra lo que pasó fugazmente en la pantalla grande, el cine pirata se ocupa de democratizar el espectáculo cinematográfico, ese que anuncia un deseo imposible: solo en cines. Me pregunto por qué no somos capaces de retomar este mercado y ofrecerlo con mejor calidad, hasta el momento, hemos perdido el control, los replicadores y distribuidores de este mercado nos llevan la delantera en el uso de las nuevas tecnologías.
El DVD, ahora “Blu-r
ay” con sonido surround son una excelente forma de exhibir a muy bajo costo y por supuesto con una alta calidad de proyección y reproducción sonora. La proyección digital es otra alternativa de costos muy bajos. Hacen falta los promotores culturales-empresarios que se interesen por difundir nuestro cine.
Algunas ideas.
Repensar el cine de barrio, como lugar de encuentro y de vida comunitaria, este tema es importante, sobre todo ahora que se habla tanto de restablecer el tejido social. Qué pasaría si el IMCINE propone a los empresarios de Ciudad Juárez usar la 226 para abrir salas populares y recuperar espacios urbanos y comunitarios.
En la ciudad de México tenemos dos ejemplos de exhibición exitosa; la Cineteca Nacional, el Cinematógrafo del Chopo y Cinemanía, habrá que analizar esos casos, cómo es que sucede algo así, de dónde vienen esos jóvenes, qué los mueve a llenar las salas. Me parece que tiene que ver no sólo con la oferta de películas sino en el entorno mismo, son lugares alejados del consumismo: dulcerías discretas, librería, restaurantes y cafetería a precios accesibles. Son salas donde el espectador es una persona no como en las otras salas donde el espectador es esencialmente un consumidor de productos.
Es difícil competir con las grandes producciones, no tenemos esos recursos en términos publicitarios, por lo tanto no nos conviene jugar en esa misma pista que tenemos perdida de antemano, entonces podemos pensar en recuperar espacios para informar de nuestro cine, me explico, no se trata de posicionar un producto, más bien de informar lo que sucede con nuestro cine, crear carteleras espectaculares en cada uno de los sectores o delegaciones de la ciudad, que la gente sepa que ahí encontrará mensajes dirigidos a ellos.
Sobre el uso de la RED; ¿qué pasaría sí compartimos gratuitamente nuestras películas en la red? ¿Cuáles son las ventajas y las desventajas? Las opiniones negativas van en el sentido de perder comercialidad, sólo que, estamos hablando de un cine que no está llegando a su público, tal vez ese camino nos pueda abrir espacios hacia los jóvenes, hacia el mundo universitario y preuniversitario, creo que usar así la red nos puede abrir puertas, más que cerrarnos un éxito comercial que por lo pronto lo vemos muy lejano. Usar la red para informar de todas nuestras películas, ponerlas a disposición de las universidades, escuelas, centros, casas de cultura, colectivos culturales, etc., incluso se puede pedir un pago, me parece que en el mundo hay algunas experiencias que van en este sentido y que lejos de quitar público, lo han acrecentado y las aportaciones económicas no han sido nada despreciables.
Una campaña publicitaria en favor del cine. Contamos entre la comunidad cinematográfica con muy buenos publicistas, ¿por qué no hacemos una gran campaña para posicionar nuestro cine? Para que se conozca la temática de nuestro cine, la gran diversidad de las películas, lo que sucede en los festivales y muestras internacionales, dejar en el imaginario colectivo el orgullo de ver cine mexicano, que es importante pero también divertido, inteligente y atractivo.
Desde el poder suenan voces que quieren regresar a la llamada “época de oro¨ del cine mexicano, nuestro presidente anunció ayudas fiscales para las grandes producciones, tanto mexicanas como extranjeras, pero sólo a aquellas películas que rebasen los 70 millones de presupuesto. Desde arriba creen que atraerán inversiones de este modo, como sí el país estuviese listo para atraer a los productores de Hollywood, sin pensar en los graves problemas de inseguridad y corrupción. Cuando en los años cuarenta y cincuenta el cine mexicano vivió una gran época, si existía un gran público y la gente común podía asistir al cine. Hoy…no es así.
Somos una comunidad que tiene mucho que ofrecer, todas nuestras películas forman un acervo cultural importante, no podemos quedarnos callados y seguir soportando esta nueva forma de censura y marginación, algo tenemos que hacer.
Alberto Cortés
Guadalajara, Jalisco
Ponencia leída
En el Foro Cine mexicano, presente y futuro.
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